1. Amarás a Dios-mercado sobre todas las cosas.
2. No pensarás durante la liturgia de la compra.
3. Santificarás las fiestas, comprando en los centros
comerciales.
4. Honrarás a tus marcas.
5. Tendrás fe en las escrituras de la Santa Publicidad.
6. No tendrás pensamientos impuros sobre tus productos
y proveedores.
7. No codiciarás los bienes ajenos, simplemente los
comprarás.
8. No reciclarás, no reutilizarás ni reducirás.
9. No desearás a la mujer de tu prójimo, sólo a la mujer
objeto de los anuncios.
10. Te olvidarás de tus necesidades y dejarás que la
Divina Providencia de Dios-mercado se encargue de
ellas.
11. Leerás la palabra de Dios-mercado en los Santos
Catálogos.
12. No pensarás en nada que no seas tú.
Maximizar los beneficios empresariales en el
largo plazo requiere construir y extender un estilo de
vida vertebrado a partir del consumo. Eso exige que la
publicidad y los media sean agentes de educación y socialización
primaria. Para incorporarse a la sociedad de
consumo, la ciudadanía del futuro necesita ser socializada,
ante todo, como clase consumidora. Por eso, niños
y niñas constituyen un público objetivo esencial para la
publicidad.
Tienen un carácter estratégico como audiencia
presente, ya que ejercen un fuerte influjo sobre las decisiones
de compra de los adultos: según The Economist
los menores de 14 años influyen en el 47% del gasto
familiar. Y también hay que pensar en el futuro: “se
trata de que el niño se vaya familiarizando con el logo
de BMW, que lo vea cuando vea el coche de su padre,
y al cabo de los años sea él mismo quien se compre el
coche...”1.
El nivel de exposición de los menores a los medios
de comunicación y la publicidad es mayor que el
tiempo dedicado a los estudios. Nacer y crecer, comiendo,
bebiendo, mirando, sintiendo y respirando publicidad
puede asegurar la continuidad del modelo en el futuro.
Fabricar consumidores y consumidoras en serie requiere
moldeamiento, educación y transmisión de valores
individualistas.
El consumidor no nace, se hace.
Como la publicidad televisada supone ya el
11% del tiempo total de emisión, el coste económico
para conseguir que el espectador recuerde un anuncio
ha aumentado, en tan sólo los últimos seis años,
un 62%1. Con tanto ruido comercial, el bocadillo puede
ser indigesto, así que los anunciantes han ido reinventando
su comunicación comercial con estrategias
de “acercamiento”: los spots televisivos, microrrelatos
emotivos fruto del dominio del grafismo simbólico
y la narración audiovisual van dando paso a un gran
abanico de imaginativas fórmulas: Movistar hace performances
en la calle, Desigual regala ropa a quien se
presente desnudo en su tienda, la agencia Bumvertising
gestiona los carteles publicitarios que pasean los
mendigos de California, Adidas ha creado en internet
una red social para intercambiar poesía y Telefónica
añade a sus productos un aroma personalizado que
ha encargado a una empresa de perfumes.
El nuevo menú publicitario consiste en reforzar
el lazo emocional identificándose con los valores de la
marca: “No es solamente la capacidad para atraer de
forma irremediable una mirada hacia uno o varios aspectos
de la realidad, es además la valiosa habilidad de
generar una experiencia que atrapa el espíritu y conquista
la voluntad”, dice un anuncio de la agencia publicitaria
Starcom MediaVest para explicar su actividad.
Un nuevo envoltorio para el bocadillo de siempre.
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