La
jornada se iniciaba plácidamente con la salida del Sol. Para las gentes del
campo; para las gallinas, conejos y vacas; y para las niñas y niños, que
entonces salían a jugar. Y finalizaba cuando el astro desordenado y tímido
decidía retirarse, a veces antes, a veces después.
El
Sol era el alimento básico –junto con la tierra abonada- de los vegetales, que
a su vez daban de comer a las personas. Y a las mulas y a los caballos que
ayudaban en las tareas agrícolas.
El Sol evaporaba el agua que después sería
lluvia; y deshelaba glaciares que serían riego. La energía nutritiva y motora
era gratis, común e infinita.
Como
el Sol, en el campo predominaba el amarillo del trigo o el maíz, con diferentes
matices según la estación o el clima, matices que algunas personas sabían
interpretar.
Los
rayos de Sol calentaban los cuerpos y las almas humanas; y cuando se necesitaba
una sobredosis, los abrazos ejercían la misma función
Quizás
porque el Sol es redondo, quizás porque da vueltas sin parar, la vida giraba
sobre sí misma y siempre volvía a empezar, sorprendiendo en su monotonía. Una
civilización Sol-tenible y Sol-idaria, de personas de sangre caliente y corazón
solar.
La
jornada se inicia con el sobresalto de una alarma. No se mira el cielo sino la
agenda y la televisión. Las gallinas ponen huevos sin cesar y los niños y niñas
se acuestan de madrugada al agotarse la batería del ordenador.
El
petróleo cría los vegetales bajo plásticos que les previene de la insolación.
Sus producciones dan de comer primero a los coches y aviones; después a las
personas. No hay animales Soleándose en el campo, sólo friéndose en naves
industriales.
La
energía se compra en barriles. Y es motivo de guerras y muchas dependencias que
se ignoran y disfrazan para adormilar las conciencias
Como
el petróleo, en el campo predomina el negro del humo y el gris de los
polígonos. Las tecnologías , engreídas, creen poder prescindir del Sol.
Los
cuerpos se calientan con prendas térmicas mientras las almas agonizan heladas
de frio. Las caricias y abrazos se anuncian en los periódicos.
De
sólo mirar hacia delante, y nunca hacía arriba ni hacia abajo, la vida camina
muy rápido precipitándose al vacío.
Una
civilización que abandona al Sol es una civilización insolente.
Gustavo Duch Guillot